Manifiesto

Para la elaboración de este estudio sobre la fotografía en la «segunda época» de la web hemos partido del manifiesto escrito por Clément Chéroux, Joan Fontcuberta, Erik Kessels, Martin Parr y Joachim Schmid para la exposición From Here On, que se presentó en el festival fotográfico de Arlés en 2011 y, posteriormente, en el Centro de Arte Santa Mónica de Barcelona, en 2013:

Now, we’re a species of editors. We all recycle, clip and cut, remix and upload. We can make images do anything. All we need is an eye, a brain, a camera, a phone, a laptop, a scanner, a point of view. And when we’re not editing, we’re making. We’re making more than ever, because our resources are limitless and the possiblities endless. We have an internet full of inspiration: The profound, the beautiful, the disturbing, the ridiculous, the trivial, the vernacular and the intimate. We have next-to-nothing cameras that record the lightest light, the darkest dark. This technological potential has creative consequences. It changes our sense of what it means to make. It results in work that feels like play, work that turns old into new, elevates the banal. Work that has a past but feels absolutely present. Work that has a past but feels absolutely present. We want to give this work a new status. Things will be different from here on…

Manifesto for From Here On, Rencontres d’Arles, 2011:
Clément Chéroux, Joan Fontcuberta, Erik Kessels, Martin Parr, Joachim Schmid.

Joan Fontcuberta publicó en 2011 el siguiente decálogo postfotográfico, en un intento de dar respuesta a lo que él denomina «creación radical postfotográfica»:

  • 1º Sobre el papel del artista: ya no se trata de producir obras sino de prescribir sentidos.
  • 2º Sobre la actuación del artista: el artista se confunde con el curador, con el coleccionista, el docente, el historiador del arte, el teórico… (cualquier faceta en el arte es camaleónicamente autoral).
  • 3º En la responsabilidad del artista: se impone una ecología de lo visual que penalizará la saturación y alentará el reciclaje.
  • 4º En la función de las imágenes: prevalece la circulación y gestión de la imagen sobre el contenido de la imagen.
  • 5º En la filosofía del arte: se deslegitiman los discursos de originalidad y se normalizan las prácticas apropiacionistas.
  • 6º En la dialéctica del sujeto: el autor se camufla o está en las nubes (para reformular los modelos de autoría: coautoría, creación colaborativa, interactividad, anonimatos estratégicos y obras huérfanas).
  • 7º En la dialéctica de lo social: superación de las tensiones entre lo privado y lo público.
  • 8º En el horizonte del arte: se dará más juego a los aspectos lúdicos en detrimento de un arte  hegemónico que ha hecho de la anhedonia (lo solemne + lo aburrido) su bandera.
  • 9º En la experiencia del arte: se privilegian prácticas de creación que nos habituarán a la desposesión: compartir es mejor que poseer.
  • 10º En la política del arte: no rendirse al glamur y al consumo para inscribirse en la acción de agitar conciencias. En un momento en que prepondera un arte convertido en mero género de la cultura, obcecado en la producción de mercancías artísticas y que se rige por las leyes del mercado y la industria del entretenimiento, puede estar bien sacarlo de debajo de los focos y de encima de las alfombras rojas para devolverlo a las trincheras.

El artículo «Por un manifiesto postfotográfico» (Fontcuberta, 2011), que incluye este decálogo, es, por tanto, el complemento para los textos curatoriales de la exposición From Here On (2011). El fotógrafo y comisario reflexiona sobre los usos de la fotografía en la «segunda era» de la web, que la están distanciando del canon fotográfico que imperó durante todo el pasado siglo; pero también replantea el papel del fotógrafo y el acto de hacer nuevas fotografías en nuestro mundo hiperfotografiado y saturado icónicamente. Comienza hablando del «síndrome de Hong Kong», el caso de un periódico que despidió en esa ciudad a sus ocho fotógrafos de plantilla que cubrían la información local, sustituyéndolos por repartidores de pizza provistos de cámaras digitales que el diario les proporcionaba, lo que le aseguraba fotos rápidas y en el momento exacto en que ocurría la noticia. A pesar del desacuerdo de los profesionales del sector, el «ciudadano-fotógrafo» conseguía la foto de forma inmediata al suceso.

Fontcuberta (2011) afirma que «la velocidad prevalece sobre el instante decisivo, la rapidez sobre el refinamiento». El fotógrafo necesita revisar su ontología y reinventarse. Jon Uriarte (2013) concluye que «el estatus de generador de imágenes se ha generalizado y democratizado». El resultado de esta nueva situación queda reflejado en otro síndrome similar al del diario de Hong Kong: el que vivieron los profesionales de la imagen que colaboraban con el periódico Chicago Sun-Times. Este medio despidió a su plantilla completa de 30 fotógrafos profesionales y apostó por sus reporteros provistos de un smartphone, que podían hacer mejor y más rápido las fotografías periodísticas. La imparable aparición de nuevas cámaras de todo tipo genera un mundo hiperfotografiado, una masificación sin precedentes con su consecuente contaminación icónica. «Vivimos en la imagen, y la imagen nos vive y nos hace vivir» (Fontcuberta, 2011). La experiencia visual se ha popularizado y la fotografía ya no es «dominio de magos, artistas, especialistas o profesionales al servicio de poderes centralizados», sino del «ciudadano-fotógrafo», que utiliza las imágenes que produce espontáneamente para relacionarse con los demás. «La postfotografía se erige así en un nuevo lenguaje universal» (Fontcuberta, 2011). Los dispositivos móviles están en todas partes: coches, neveras o teléfonos. El gran hermano en el que vivimos hace que perdamos una intimidad que, por otra parte, mostramos y compartimos de manera voluntaria a través de las redes sociales.

Manifiesto Arlés 2011

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