Artículo de Joan Fontcuberta: “Por un manifiesto posfotográfico”

Tras la lectura del artículo de Joan Fontcuberta en La Vanguardia.com resulta sencillo pensar ahora en la fotografía como un arma de difusión de imágenes de las cuales nadie está a salvo. Hoy en día, en un mundo tan sumergido en el consumo de la imagen, se puede afirmar la existencia de los ciudadano – fotógrafos, y es que a partir del momento en que ocurre algo cualquiera es capaz de tomar registro de ello en aquel mismo momento en el que sucede. Y es que en mi opinión (de acuerdo con el autor) yo también apremio antes la velocidad de conseguir la imagen de la noticia mejor que tener una buena fotografía en calidad pero con retraso (síndrome Hong Kong), ya que para los medios no se concibe una sin la otra y la competencia es elevada.

La tecnología digital que avanza en la fotografía supone un antes y un después del mundo de la comunicación y la vida cotidiana a través de la imagen. Todo pasa a evolucionar hacia la posfotografía, y es que esta práctica ya está proliferada en todos los ámbitos de nuestra vida. Vivimos constantemente con dispositivos y aparatos capaces de crear imágenes al instante, y ya vivimos con ellas.

No contentos con esto, la rama científica también pone de su parte con la investigación avanzada que exploran a fondo los mecanismos de la imagen, con lo que todos avanzamos con ellos. Muchos descubrimientos actuales serían impensables años atrás, como el de pensar en la idea de monitorizar la actividad mental para extraer imágenes directas de ella.

El hecho de hacer del uso de la fotografía algo universal acaba emborronando la fina frontera que se distingue entre la fotografía cotidiana de la artística y crítica. Es entonces cuando se cuestiona el uso de la imagen según el sentido que toma. No solo es una manera de transmitir un mensaje, como podría ser el objetivo de cualquier imagen, sino que en el caso de las artísticas: éstas transmiten sentimientos. Es sutil e interesante el hecho de que la diferencia resida en la manera en la que la imagen impacte al público. Visiones naturales y reales que separan lo público de lo privado de cada autor con las que pueden hacer de esa imagen una obra de arte. Este entorno más personal acaba por terminar en la búsqueda de lo único, ya que todo lo demás ya está visto y ya está fotografiado, y se reduce pues a replicas sujetas a pequeñas variables. Por esa razón es recurrente en muchos casos el uso de imágenes ya creadas sin importar demasiado de donde vienen o quién las ha hecho, porque no es tan importante quién aprieta el botón de la cámara como el que hace que esa acción cobre sentido, llegando así a la pérdida de la autoría del ser que se limita al mero hecho de ejecutar. El saber de quién es el mérito de la imagen disputada entre el que ejecuta el dispositivo y el pensante de dicha acción al completo despertó un tiempo sus dudas. Y es entonces cuando me resulta sencillo relacionarlo con el mundo del cine, ya que nadie discute que el reconocimiento de un buen film se debe a su director y no a los asistentes de cámara, por ejemplo.

Internet nos presenta un escenario virtual enorme en el que se puede hacer y ser quien tú quieras, y simplemente a través de la imagen con la que te comunicas. Y es que con la imagen y la práctica de nuestra posfotografía cotidiana se emborrona la identidad intransferible que hasta el día de hoy se relaciona estrechamente con la imagen, la cual es fácilmente modificable. La práctica de nuestra fotografía cotidiana ya está tan extendida que la fotografía documental da paso a la nueva manera de entender y hacer fotografía. Tales redes sociales en internet como Instagram se basan en la imagen que surge de forma inesperada en la vida de cada persona para ser compartida con todos, y no es más que una promoción de la misma mencionada práctica de la nueva fotografía adoptada por todos, la dicha posfotografía.

Es constante el registro de imagen en nuestro planeta, satélites y diferentes dispositivos que graban 24 horas al día, como las cámaras de seguridad y las que hacen posible visionar cualquier parte del mundo cuando uno quiera. Todo esto desarrolla una especie de obsesión para los carroñeros de la imagen que necesitan tenerlo todo desvelado y bajo control. Es el voyerismo desde el cielo el caso de Google Earth a tiempo real, que desde cualquier punto del planeta puedes descubre lo que para ti es oculto. Otro tipo de obsesión que recientemente ha aumentado su presencia notablemente es la publicación de las llamadas ‘selfies’ o autofotos. Tiene una clave intención comunicativa que creo que no es más que manifestarse hacia los demás de manera propagandística y en la que, obviamente, la persona que se ha fotografiado sale favorecida. Siendo una máscara en forma de pose con resultado perfecto no es más que otra marea de afirmación a la posfotografía, como ya una práctica universal, accesible y usada por todos.

Daniel Vilaspasa Torres, Grupo: B4. NIUB: 16278393.

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