Imagen y Semiótica

Roland Barthes escribió La cámara lúcida y Stuart Hall tomó de este trabajo gran parte de su aportación para explicar cómo el proceso comunicativo se convierte en sí mismo en una estructura y en signo (semiótica). Decide estudiar los procesos comunicativos atendiendo a las obras audiovisuales (foto, filme, etc.) como un signo capaz de ser leído únicamente en su forma estructural; en el caso de la fotografía, en su forma estética. En su ultimo periodo, se acerca a los medios de comunicación y a la Fotografía, dando un giro a la Teoría y Semiótica.

El Estudio Semiótico de la Imagen tiene bastantes carencias, en tanto que únicamente se detiene en su análisis formal. Para los Estudios Culturales, que también recogen esa parte de análisis formal, es importante también el contexto socio-cultural y político en el que se ha producido dicha imagen. Christian Metz, teórico anterior a Stuart Hall, escribe Essais Sémiotiques en 1977 y elabora un estudio de los movimientos y escuelas que hasta los años 50 habían existido en el cine, analizando las aportaciones estéticas de cada uno de ellos. Lo que se critica a Metz o a Barthes es que hacen un análisis exclusivamente de la imagen, sin tener en cuenta su contexto, que no entrará en el campo de estudio hasta los años 70, con los Estudios Culturales, y en la actualidad, con los Estudios Culturales de la Visualidad. Los conceptos de subcultura, ideología o hegemonía cultural quedaban hasta ahora fuera de los mensajes audiovisuales.

Otra teórica de la fotografía es Susan Sontag. Algunos de sus estudios destacados son Sobre la fotografía y Sobre el dolor ajeno. Este último analiza todos los códigos informativos y artísticos que el discurso fotográfico ha desarrollado a lo largo del siglo XX.

Artículo de Joan Fontcuberta: “Por un manifiesto posfotográfico”

Tras la lectura del artículo de Joan Fontcuberta en La Vanguardia.com resulta sencillo pensar ahora en la fotografía como un arma de difusión de imágenes de las cuales nadie está a salvo. Hoy en día, en un mundo tan sumergido en el consumo de la imagen, se puede afirmar la existencia de los ciudadano – fotógrafos, y es que a partir del momento en que ocurre algo cualquiera es capaz de tomar registro de ello en aquel mismo momento en el que sucede. Y es que en mi opinión (de acuerdo con el autor) yo también apremio antes la velocidad de conseguir la imagen de la noticia mejor que tener una buena fotografía en calidad pero con retraso (síndrome Hong Kong), ya que para los medios no se concibe una sin la otra y la competencia es elevada.

La tecnología digital que avanza en la fotografía supone un antes y un después del mundo de la comunicación y la vida cotidiana a través de la imagen. Todo pasa a evolucionar hacia la posfotografía, y es que esta práctica ya está proliferada en todos los ámbitos de nuestra vida. Vivimos constantemente con dispositivos y aparatos capaces de crear imágenes al instante, y ya vivimos con ellas.

No contentos con esto, la rama científica también pone de su parte con la investigación avanzada que exploran a fondo los mecanismos de la imagen, con lo que todos avanzamos con ellos. Muchos descubrimientos actuales serían impensables años atrás, como el de pensar en la idea de monitorizar la actividad mental para extraer imágenes directas de ella.

El hecho de hacer del uso de la fotografía algo universal acaba emborronando la fina frontera que se distingue entre la fotografía cotidiana de la artística y crítica. Es entonces cuando se cuestiona el uso de la imagen según el sentido que toma. No solo es una manera de transmitir un mensaje, como podría ser el objetivo de cualquier imagen, sino que en el caso de las artísticas: éstas transmiten sentimientos. Es sutil e interesante el hecho de que la diferencia resida en la manera en la que la imagen impacte al público. Visiones naturales y reales que separan lo público de lo privado de cada autor con las que pueden hacer de esa imagen una obra de arte. Este entorno más personal acaba por terminar en la búsqueda de lo único, ya que todo lo demás ya está visto y ya está fotografiado, y se reduce pues a replicas sujetas a pequeñas variables. Por esa razón es recurrente en muchos casos el uso de imágenes ya creadas sin importar demasiado de donde vienen o quién las ha hecho, porque no es tan importante quién aprieta el botón de la cámara como el que hace que esa acción cobre sentido, llegando así a la pérdida de la autoría del ser que se limita al mero hecho de ejecutar. El saber de quién es el mérito de la imagen disputada entre el que ejecuta el dispositivo y el pensante de dicha acción al completo despertó un tiempo sus dudas. Y es entonces cuando me resulta sencillo relacionarlo con el mundo del cine, ya que nadie discute que el reconocimiento de un buen film se debe a su director y no a los asistentes de cámara, por ejemplo.

Internet nos presenta un escenario virtual enorme en el que se puede hacer y ser quien tú quieras, y simplemente a través de la imagen con la que te comunicas. Y es que con la imagen y la práctica de nuestra posfotografía cotidiana se emborrona la identidad intransferible que hasta el día de hoy se relaciona estrechamente con la imagen, la cual es fácilmente modificable. La práctica de nuestra fotografía cotidiana ya está tan extendida que la fotografía documental da paso a la nueva manera de entender y hacer fotografía. Tales redes sociales en internet como Instagram se basan en la imagen que surge de forma inesperada en la vida de cada persona para ser compartida con todos, y no es más que una promoción de la misma mencionada práctica de la nueva fotografía adoptada por todos, la dicha posfotografía.

Es constante el registro de imagen en nuestro planeta, satélites y diferentes dispositivos que graban 24 horas al día, como las cámaras de seguridad y las que hacen posible visionar cualquier parte del mundo cuando uno quiera. Todo esto desarrolla una especie de obsesión para los carroñeros de la imagen que necesitan tenerlo todo desvelado y bajo control. Es el voyerismo desde el cielo el caso de Google Earth a tiempo real, que desde cualquier punto del planeta puedes descubre lo que para ti es oculto. Otro tipo de obsesión que recientemente ha aumentado su presencia notablemente es la publicación de las llamadas ‘selfies’ o autofotos. Tiene una clave intención comunicativa que creo que no es más que manifestarse hacia los demás de manera propagandística y en la que, obviamente, la persona que se ha fotografiado sale favorecida. Siendo una máscara en forma de pose con resultado perfecto no es más que otra marea de afirmación a la posfotografía, como ya una práctica universal, accesible y usada por todos.

Daniel Vilaspasa Torres, Grupo: B4. NIUB: 16278393.

La postfotografía

Joan Fontcuberta es el ganador del Premio Internacional de Fotografía Hasselblad 2013, considerado el Premio Nobel de la Fotografía. El tránsito de la fotografía analógica, o fotoquímica, a la fotografía digital ha sido un tsunami, una auténtica revolución. Hoy en día se suben a internet millones de imágenes cada hora. Gastamos tanto tiempo en hacer fotos que no tenemos tiempo de mirarlas: el efecto de producir imágenes es hegemónico, supera al gesto de consumir imágenes. Esta situación nos revelará que los valores fundacionales de la fotografía, la verdad, la memoria, el archivo, empiezan a desvanecerse y empiezan a comparecer otros conceptos alrededor de los cuales pivoteará la fotografía digital. Por ejemplo, la fotografía más que manifestar el acontecimiento lo que desea es manifestar nuestra presencia en el acontecimiento. (Vía)

El momento postfotográfico

Nos encontramos ante una nueva era de la cultura visual, el momento postfotográfico, caracterizado por la masificación de las imágenes y su fácil circulación y disponibilidad en internet.

La tecnología digital ha provocado fracturas ontológicas en la fotografía pero, al hacerlo, también ha generado profundos cambios en sus valores sociales y funcionales, por el modo en que las imágenes ya forman parte, por completo, de los diferentes ámbitos de nuestra vida. Los artistas postfotográficos subrayan la complejidad de su condición a través del uso de imágenes para acumularlas, re-contextualizarlas, imponer un orden, manipularlas y transformarlas.

El apropiacionismo en el arte lleva implícita una crítica a la autoría y la originalidad, además de poner en duda los procesos institucionales de inserción y definición de las obras artísticas. En este ensayo nos proponemos dar cuenta del estado actual del apropiacionismo fotográfico en el contexto de la web 2.0, en un universo digital lleno de imágenes en el que capturarlas resulta muy fácil. Nada parece estar escrito en esta nueva fotografía, inmersa en la era de los dispositivos móviles y las redes sociales.

Marco de discusión

Joan Fontcuberta (2011) explica que la condición postfotográfica se caracteriza por la proliferación de imágenes en internet, los teléfonos inteligentes y las redes sociales. El mundo como lo conocemos en la actualidad se rige por la instantaneidad y está sujeto a una acelerada globalización digital. Todas las facetas de nuestra vida, desde las relaciones personales a la economía, las comunicaciones o la política, se han visto sacudidas hasta sus cimientos. Por primera vez, somos productores y consumidores de imágenes en una escala exponencial. El resultado de este exceso sin precedentes es un acceso inmediato a las imágenes, pero queda por ver en qué medida esta disponibilidad inmediata y el voyeurismo universal, son a la vez un privilegio y un obstáculo.

Planteamiento postfotográfico

La fotografía, lejos de su muerte, se encuentra más viva que nunca gracias a su rápida adaptación a las tecnologías digitales de la información y la comunicación. Sin embargo, la figura del autor parece tambalearse en este momento postfotográfico debido al aumento del apropiacionismo, la fácil reproductibilidad de las imágenes digitales y las nuevas prescripciones (entendidas como dotaciones de sentido) a partir de imágenes y archivos fotográficos de internet.

En el momento postfotográfico, muchos defienden que el problema no es hacer más fotos, sino darle sentido a las que ya existen, puesto que estamos rodeados por una saturación icónica donde el fotógrafo profesional parece no tener cabida. En este orden de cosas, la condición autoral no está tanto en el hacer como en el prescribir, esto es, en la dotación de un nuevo valor y sentido al conceptualizar algo que ya existía previamente, lo cual adquiere especial relevancia en el contexto de internet.

Una posible hipótesis

La postfotografía no es un género fotográfico, sino un momento irreversible y evolutivo de la fotografía, donde la edición, la reutilización o la apropiación se han convertido en acciones, a menudo necesarias, para producir una nueva imagen. Desde la aparición de la web 2.0, la fotografía ha sufrido una transformación que la lleva a lugares impredecibles, aún desconocidos. En cualquier caso, lejos de estar en peligro de extinción, parece haberse adaptado perfectamente al medio digital, lo que permite que los nuevos artistas de la apropiación y la prescripción hagan un uso indiscriminado de ella.